Cuarto de Madriña

El mejor recuerdo que tengo de mi madrina son sus patatas fritas onduladas. Las cortaba con una lata con ondas que tenia el borde afilado, supongo que la traería de Alemania, como el hervidor de leche eléctrico, el pasapuré y alguna otra cosa curiosa que había por casa y que había traído al volver de la emigración.

Su cuarto era un lugar prohibido para los niños, su enorme armario de tres puertas estaba atestado de ropa de colores, trajes, paños para la cabeza, y otras cosas que no se podían tocar. Yo, mis hermanos y mis primos, sus hijos, que éramos muy traviesos, se lo decoramos con cromos y pegatinas, y alguna aún le ha quedado, que no conseguí arrancarla y ahí la podéis ver. Las mesillas de noche tenían zapatos y la cama era tan voluminosa que la cambiamos para hacer más sitio en el cuarto. Así que la habitación de mi madrina es hoy un cuarto amplio, con dos ventanas en el dormitorio, las paredes con la piedra de granito a la vista y un cuarto de baño interior con un mueble de madera y baño de hidromasaje. Cuenta con una cama de 1.35 m con cabecero antiguo de madera de castaño

Dispone de espacio suficiente para una cama supletoria y una cuna cuando sean necesarias.

  

 

 

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